Poca gente sabe que España tuvo un proyecto para lograr un arsenal atómico, y que aunque oficialmente no dio como resultado, la fabricación de una bomba atómica española no estuvo muy lejos. A día de hoy el organismo heredero de aquellas investigaciones e instalaciones -el CIEMAT- sigue en funcionamiento, después de pasar por episodios de secretismo, accidentes nucleares y conspiraciones que duran hasta hoy.
Poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, allá por 1947, el ingeniero, físico y contraalmirante de la armada José María Otero de Navascués, entregó un informe al CSIC, donde se recomendaba iniciar de alguna manera investigaciones en el campo de la energía nuclear. A día de hoy no parece una idea excesivamente brillante ni rompedora, ya que para aquel momento ya se conocía de sobra lo que podía suponer la división del átomo, los terribles efectos que conllevaba su uso militar y sus posibilidades como fuente de energía, pero las implicaciones que tenía la posibilidad no eran menores. Además España estaba atravesando una cruel y dura postguerra de la primera época del franquismo, sumida en pleno periodo de aislacionismo internacional y autarquía económica, años que venían acompañados de penurias, hambrunas, piojos y pobreza en general. En cambio, España tenía y tiene las mayores reservas de uranio de Europa occidental, hecho que seguramente despertó la esperanza de que el mágico procedimiento de la división del átomo hiciese explosión lanzando hacia delante los sueños de una España independiente y solvente.
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| Otero de Navascués con gafas de sol, y a su derecha Velarde, junto con otros técnicos del JEN. |
El CSIC, institución fundada al poco de concluir la Guerra Civil, (por sus siglas, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y aún hoy la mayor institución pública dedicada a la investigación científica en España), tomó muy en serio el informe de Navascués. En poco tiempo se formó una comisión para profundizar en el asunto, y en 1948 se creó la Junta de Investigaciones Atómicas (JIA), dirigida por el propio Navascués. Por el momento, todo aquello tenía un carácter discreto. La JIA, se encargaba de la formación del personal y la elección de las investigaciones. La formación de los técnicos no era algo menor, ya que no debía existir en España por aquel entonces prácticamente nadie que estuviera especializado en el asunto, ni siquiera el mismo Navascués (cuya especialidad era la óptica).
Ya en 1951, el interés español por la energía nuclear terminó por hacerse público, cuando la junta se transformó en Junta de Energía Nuclear (JEN), dirigida por el general Juan Vigón, militar de la máxima confianza de Franco. Sin embargo, la evolución de los trabajos continuaba de forma lenta, dada la falta de recursos técnicos y humanos. Lentitud que sería el mayor enemigo del proyecto atómico español.
Vigón fallecería en 1955 sin ver como se inauguraban las instalaciones que llevarían su nombre, el Centro Nacional de Energía Nuclear Juan Vigón, en 1958 (hoy CIEMAT), enclavadas en la Ciudad Universitaria de Madrid, a orillas del Manzanares, y cerca del centro de Madrid. Datos estos, que más adelante serán interesantes.
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| El presidente Eisenhower dando su discurso en la ONU sobre el programa Átomos para la paz. |
Durante los años siguientes, las investigaciones españolas dieron muy escasos resultados. De nuevo las carencias de conocimientos, de materiales, y la situación internacional eran un severo lastre que impedían los avances. Cuanto más tiempo pasaba, la situación se volvía más compleja, y las dificultades aumentaban. Los franceses, con menos problemas y más recursos habían logrado su primera bomba unos años antes en un periodo menor, pero España, en peor situación no lograba acercarse al objetivo mientras los años iban pasando. El propio Franco había ido perdiendo progresivamente el interés en el proyecto, que no daba resultados. Pero inesperadamente, los técnicos españoles se iban a encontrar con una milagrosa ayuda caída del cielo. Milagrosa, y muy milagrosa, porque el evento de haber sido más dramático podía haber dejado España destruida en un absoluto apocalipsis.
El 17 de enero de 1966, dos aviones norteamericanos, un B-52 y un avión cisterna se encontraban sobre Almería, a más de 10.000 metros. El B-52 realizaba una maniobra arriesgada para repostar en vuelo, cuando sucedió la catástrofe. Los aparatos colisionaron (sobrevivieron 4 tripulantes del B-52 de un total de 7 y ninguno del avión cisterna) provocando la caída a tierra de cuatro bombas termonucleares que afortunadamente como sabemos no explotaron gracias al sistema de seguridad con el que contaban las bombas, que funcionó perfectamente. Aunque dos de las bombas quedaron intactas gracias a sus paracaídas, las otras dos restantes cayeron fragmentándose en pedazos y liberando material radiactivo que contaminó una amplía zona. Al enterarse del accidente, Muñoz Grandes -jefe del estado mayor del ejército- ordenó al JEN que acudiera a la zona para comprobar los daños y recolectar todo lo que se pudiera. De este modo los técnicos de la Junta de Energía Nuclear lograron obtener muestras de plutonio y algunos fragmentos de las bombas entre los que se encontraban, casualmente, los detonadores. Como resultado, las autoridades españolas habían accedido al secreto de la construcción de una bomba de hidrógeno, convirtiéndose en el sexto país del mundo en lograrlo tras EEUU, la URSS, Gran Bretaña, Francia y China.
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| Rescate de una de las bombas. |
(No es casualidad que estos, sean los que tienen derecho de veto en el consejo de seguridad de la ONU, volviendo a recordar, que en nuestros tiempos, para hacer política exterior y mantener la interior independiente, se requiere tener una bomba atómica).
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| Tricornios y restos de un casi apocalipsis nuclear. |
Con la inesperada ayuda, el proyecto empezó a ir ahora viento en popa a toda vela. En 1968 se instalaron los reactores nucleares experimentales JEN-1 y Coral-1 en las instalaciones del JEN en la ciudad universitaria de Madrid (en el mismo año se inauguró en Guadalajara la central nuclear de Zorita, la primera de uso civil en España). El Coral-1 era capaz de producir uranio de utilización militar, y de hecho ya en 1969 salieron al mundo las primeras cantidades de plutonio 239 nacidas en España. Los franceses, que habían salido parcialmente de la OTAN en 1966, pensaban que la idea de una España con capacidad nuclear era una buena idea, buscando una cierta independencia militar respecto de EEUU, y así, la Francia del general De Gaulle estrechó la colaboración en temas nucleares, constituyéndose incluso una sociedad conjunta, HIFRENSA. De esta colaboración nació la central nuclear de Vandellós I en 1972 instalada en Tarragona, que podía generar el combustible necesario para la fabricación de las bombas. Según Guillermo Velarde, físico nuclear y director del proyecto Islero desde 1963, en aquellas condiciones España era capaz de fabricar 3 bombas atómicas al año. Un informe del general Manuel Díez-Alegría, jefe del estado mayor general estimaba la posibilidad de realizar las pruebas nucleares españolas en el Sáhara.
El accidente radiactivo del JEN en el Manzanares. Nos vamos de fin de semana.
Como decíamos antes, la ubicación de las instalaciones del JEN en la Ciudad Universitaria de Madrid tenían su relevancia. Parece que los técnicos franquistas no tuvieron en cuenta que la ubicación demasiado cercana a zonas densamente pobladas como Madrid y sus alrededores podrían ocasionar algún problema. La fatalidad llegó cuando el sábado 7 de noviembre de 1970 se liberaron por error a las alcantarillas unos 60 litros de agua contaminada con cesio, plutonio, estroncio y otros isótopos, que llegaron al río Manzanares, al Jarama y al fin al Tajo, llegando el vertido hasta su desembocadura en Lisboa. Al parecer, aquel mismo sábado se supo del tremendo error, pero el personal abandonó sus puestos de trabajo allá por las 15:00 y no reanudarían las labores hasta el lunes siguiente, día 9 de noviembre. Dramáticamente, los técnicos del JEN (hoy CIEMAT) no conocían los protocolos en materia de seguridad nuclear, y aquel fin de semana no se hizo absolutamente nada para proteger a la población.
El incidente fue silenciado tanto por el régimen franquista como por el salazarista de Portugal, de hecho sus consecuencias son prácticamente desconocidas a día de hoy. Rara vez citado el accidente, solo se conocieron detalles profundos en 1994 cuando se desclasificó la documentación y el diario El País le dedicó un reportaje. Las medidas de "urgencia" tomadas dos meses después (!) incluyeron la prohibición de regar con agua de los ríos afectados, y el consumo de las cosechas de las tierras aledañas. Así, se enviaron técnicos, agentes vestidos con batas blancas, que recorrían los alrededores tratando de comprar las cosechas de las zonas afectadas. Parece evidente que en aquellos dos meses, muchos productos habían alcanzado la mesa y los estómagos de los consumidores, a donde fueron a parar varios isótopos radiactivos. Así a día de hoy, superado el franquismo (o eso creemos), siguen sin existir estudios epidemiológicos sobre el asunto, que ha quedado en el olvido.
El reactor Coral-1 que fue puesto fuera de servicio en 1994, aparece de forma casi protagonista en uno de los capítulos de mi libro 1985, el descubrimiento del Más Allá.
España, a tiro de bomba.
Pero entonces, alcanzado técnicamente el éxito, Franco pisó el freno. El dictador temía que los norteamericanos tomasen represalias contra España a modo de sanciones económicas, de tal magnitud que la creación de un arsenal nuclear autóctono tuviera menos ventajas que el perjuicio que EEUU pudiera causar. De este modo el desarrollo físico de la bomba se detuvo, aunque no así los estudios. En aquel momento crucial, se perdería prácticamente la última ocasión real de que España tuviera un arsenal atómico.
En junio 1973, Carrero Blanco es nombrado presidente del gobierno. Como hemos dicho anteriormente, Carrero Blanco era favorable al desarrollo de un arsenal atómico español, que librase a España del yugo de otras potencias como EEUU y permitiera defender territorios extrapeninsulares sobre los que Marruecos había fijado sus intereses -Canarias, Ceuta y Melilla- Pero además, también abogaba por el entendimiento con el mundo árabe, lo cual no era visto con buenos ojos sobre todo desde Israel.
Carrero Blanco se hace el duro con Kissinger y al día siguiente vuela en Dodge Dart.
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| Kissinger junto a Franco, en aquella visita. (Foto, ABC). |
Para entonces, los norteamericanos estaban al tanto ya de las operaciones españolas en materia nuclear, y conocían bien el perfil de Carrero Blanco. Unos meses después de que este llegase a la presidencia del gobierno, el secretario de estado de EEUU, el judío-alemán emigrado a EEUU en su juventud Henry Kissinger. Durante su visita, el poderoso Kissinger se entrevistó con Franco -al que le quedaban menos de 2 años de vida- y con el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón. También tendría una entrevista con el presidente Carrero Blanco, en la que, al parecer, éste le pidió a Kissinger garantías de que EEUU se alineara con España en caso de agresión marroquí a Ceuta, Melilla o Canarias. Kissinger rechazó tal propuesta, dejando clara la actitud real de EEUU. Si lo que se cuenta es cierto, quizá decepcionado por el desaire de Kissinger, Carrero Blanco le reveló las capacidades y los planes nucleares de España para defender sus fronteras siendo que no contaba con el apoyo norteamericano.
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| Recorte de ABC del 20 de diciembre de 1973. |
De nada serviría este pequeño órdago. Kissinger abandonó España de inmediato, y al día siguiente (20 de diciembre de 1973) Carrero Blanco volaba por los aires, falleciendo como consecuencia del atentado terrorista del que había sido objeto. Años después, una nota de la agencia de noticias soviética TASS, contaba que, los servicios de inteligencia norteamericanos habían tenido parte activa en el atentado, de forma directa o indirecta, una información esta que Washington ha desmentido varias veces. Y tema este que daría para otro largo artículo.
El proyecto Islero más allá de 1975.
Con el asesinato de Carrero Blanco empezaba a morir el proyecto atómico español y el sueño de una España sin ataduras (al menos externas). Aún así, los sueños atómicos del proyecto Islero se resistían a morir, y sobrevivirían incluso a Franco. El gobierno de Arias Navarro continuó adelante muy en serio con los trabajos, y se planeó un Centro de Investigación Nuclear, que empezó a construirse en Soria en 1977, pero que finalmente nunca se terminó. Y ello fue debido a que la administración norteamericana del presidente Carter descubrió que con aquellas instalaciones en funcionamiento España habría tenido capacidad para construir al rededor de 20 bombas atómicas al año. Aquello era inaceptable para los norteamericanos, que redoblaron sus presiones para que España aceptase que sus instalaciones nucleares fueran inspeccionadas por la OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica), lo cual terminó sucediendo a partir de 1981.
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| Vista aérea del Centro de Investigación Nuclear en Soria. (Foto, El mirón de Soria). |
Ya durante la democracia, el gobierno de Adolfo Suárez continuaba interesado en mantener el proyecto Islero en marcha, pero la llegada al poder del PSOE, la entrada en la OTAN y la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear, el proyecto Islero quedó oficialmente suspendido. Y por lo que respecta a la soberanía española, teóricamente muy perjudicada, ya que la OTAN no incluye a los territorios extrapeninsulares españoles, factor que da para pensar cuales son los hechos y cuales los auténticos resultados de la entrada de España en la OTAN, y los auténticos intereses de EEUU (e Israel) en España.
A día de hoy nuestro país cuenta con capacidad de fabricar varias bombas atómicas al año si reactivase el programa nuclear, pero el panorama internacional y nacional hacen que esta posibilidad sea prácticamente imposible. Una vez más, lo que no se hace en su momento, parece avocado al olvido y a ser sepultado por las arenas del tiempo.
Bibliografía.
- La bomba atómica de España: Proyecto Islero. RNE
- Hemeroteca El Mundo.
- Hemeroteca ABC.
- Hemeroteca El Correo de Burgos.
- Hemeroteca El Mirón de Soria.
- Hemeroteca La Razón.
- Hemeroteca Diario 16.
- Hemeroteca El País.









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