jueves, 18 de junio de 2026

Felipe González: el correo del Zar (IV)

Llegamos al capítulo culminante, en el que ya adelanto que no vamos a esclarecer gran cosa, por cuanto no es posible más que especular, y poner cartas sobre la mesa. En esta parte, los caminos de Felipe González y la URSS -o más bien, de Gorbachov- se encuentran de forma directa. Recordando la pregunta o preguntas iniciales desde el capítulo I, ¿era cierto que como decía Fidel Castro, Felipe González tuvo algo que ver en la caída de la URSS? o ¿asesoró Felipe González a Gorbachov?, trataremos de aportar alguna pista, o dejar al menos varios puntos para la reflexión.


Los últimos años de Gorbachov y la URSS.

La mayoría de estudios y analistas coincidían y coinciden todavía a día de hoy en que la URSS no presentaba signos de que el colapso era algo inmediato o inevitable. El modelo de gestión macroeconómica presentaba serias deficiencias, pero la URSS seguía siendo una potencia mundial a tener en cuenta. Por ejemplo, en la naciente UE (entonces CEE), el presidente de la comisión europea Jacques Delors pensaba que el acercamiento a la URSS era una idea muy sugerente, y que podría conllevar una mayor independencia europea, suponiendo deshacerse de la tutela norteamericana desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo esta opción no iba a cristalizar, dando que una serie de eventos en cascada precipitarían los acontecimientos, asestando un severo golpe a la URSS de modo que, desde 1989 -año clave-, el otrora imperio soviético quedó prácticamente desarticulado en todos sus niveles. 

Tropas soviéticas retirándose de Afganistán, a través del "Puente de la Amistad", en 1989. (Imagen: France Press).


En febrero, las fuerzas soviéticas se retiraban de Afganistán, donde llevaban una década apoyando al régimen comunista contra las milicias islamistas apoyadas por EEUU (donde se encontraba Bin Laden). Con el ejército soviético en entredicho después de abandonar Afganistán, meses después y ya durante el verano, se sucedieron de forma simultánea protestas nacionalistas en las repúblicas bálticas, donde una parte importante de la población pedía la independencia. Desde este momento Letonia, Estonia y Lituania, empezaron a funcionar de forma independiente a la URSS de facto, y no volverían a su órbita, siendo rápidamente acogidas en la comunidad internacional. Aunque hubo una intentona por parte de un sector no secesionista en Letonia para evitar la escisión -no toda la población apoyaba irse del control de la URSS- sin el apoyo firme y decidido de Moscú el movimiento terminó fracasando rápidamente. 

Aunque a día de hoy puedan verse como algo sencillo aquellos levantamientos, producidos en un momento en que la URSS no iba a moverse para evitar que sus territorios vieran brotar rebeliones populares, la realidad era más bien otra. Meses antes, en abril de ese 1989 habían estallado en Georgia protestas a favor de la secesión, pero en ese caso fueron brutalmente disueltas por las fuerzas soviéticas, con el resultado de 20 muertos. 

Restos del levantamiento en Tblisi, Georgia, 1989. (Imagen: France Press).


A su vez, en Polonia se celebraban elecciones, que concluían derribando al partido comunista del poder -elecciones que Gorbachov pensaba autorizar en la URSS-. En noviembre, caía el muro de Berlín. Y por último -pero no menos importante- se celebraba "la cumbre de Malta" entre EEUU y la URSS, que ponía oficialmente fin a la Guerra Fría, y en la que Bush se comprometía a apoyar a la Perestroika de Gorbachov.

En medio del frenesí que estaba convulsionando la URSS, Felipe González advertía a Bush de que "para proteger a Gorbachov, era necesario mantener la política de bloques". No parecía ningún secreto que a los líderes occidentales, les interesaba tanto Gorbachov, como sus políticas. También hay que hacer un ejercicio de contextualización en aquel año, y el hecho de que se produjera una relajación en las tensiones de la Guerra Fría no parecía suponer nada más que buenas noticias, por lo que, el mero hecho de que como tal el riesgo de un conflicto nuclear -nada raro en las mentes de la época- disminuyera, era algo muy bueno. Pero eso obviando que el resultado final fue la desaparición de la URSS y su alejamiento de Europa.

Con esta sucesión de eventos, el bloque comunista estaba herido de muerte. Para algunos como el dictador comunista de Rumania Ceaucescu y su mujer, esto sería algo más que una metáfora. Resumidamente, 1989 terminaría para la URSS con las repúblicas bálticas fuera de control, Polonia abandonando el comunismo, y con Rumania en rebelión y regada de sangre. Desde 1989 la URSS no era mas que un castillo de naipes, al que una leve brisa le había dado el primer empujón para caer. Al año siguiente, 1990, las dos Alemanias se fusionaban en una sola, desapareciendo la RDA, principal satélite de la URSS en Europa. Pero lo más llamativo y menos comentado fue la declaración de soberanía de Rusia. Es decir, la propia Rusia, el estado soviético más poderoso, se declaraba independiente, con su propio presidente -Boris Yeltsin- y sus intenciones de implantar una democracia constitucional. El caos, dentro del caos. Con ello, la URSS no era ya prácticamente nada más que papel mojado.

Gorbachov en Madrid.

En octubre de 1990, se producía un hecho histórico que dejaba constancia de un "tejado a dos aguas" en la política internacional. Era la primera vez que un gobernante soviético llegaba en visita oficial a España, representando a una URSS crepuscular, y lo hacía llegando al Madrid de una nueva España que había superado totalmente el franquismo, y estaba plenamente integrada en la esfera occidental. En su conversación con González, Gorbachov admite que la URSS está pasando por sus días más tensos, dando a entender en lenguaje diplomático que el todavía secretario general del PCUS busca ayuda y apoyo internacional.

Gorbachov con su esposa Raisa, visitando el Congreso de los Diputados. (Imagen: Congreso de los Diputados).

El papel internacional de González quedó reforzado, y Gorbachov se iba de Madrid con un crédito de unos 1.500 millones de dólares de la época comprometido para la compra de bienes y servicios. El hecho de que países occidentales financiaran a la URSS, era un mensaje de que los soviéticos no eran considerados un enemigo, ni quizá una potencia relevante.

Este crédito no fue completamente efectivo por la caída de la URSS en 1991, aunque fue heredado después por la Federación Rusa.

El fin.

En julio de 1991 Felipe González llegaba a Moscú. Sería la última vez que se bajaría del avión en el aeropuerto internacional de Sheremétievo pisando la URSS. En aquella reunión, González se convertiría en uno de los líderes del mundo con relaciones más firmes con Moscú. De hecho aquella reunión serviría como marco para la firma del tratado de Amistad y Cooperación entre España y la URSS. Las buenas palabras y el entendimiento entre ambos líderes fueron la constante, y las felicitaciones de González a Gorbachov por sus gestiones -que más allá de estar resultando claramente beneficiosas para la URSS, mostraban indicios de estar acelerando su descomposición-. Para aquel momento, estaba fraguándose un golpe contra Gorbachov, que tardaría menos de un mes en estallar.

Meses antes, en marzo de 1991, se había celebrado un referéndum en la URSS, donde se preguntaba a los ciudadanos soviéticos en varios formatos, dependiendo de la zona y no sin cierta confusión muy ambigua en la consulta -como veremos- si consideraban necesario preservar la unión, como "una federación renovada". El referéndum tuvo una amplia participación, de alrededor del 80% y la opción vencedora fue la del SI por un 71% de los votos. Incluso en Ucrania, la opción ganadora fue el si por un 70%. Sin embargo, la pregunta ocultaba una cierta confusión -malintencionada o no- que proporcionaría opciones para los planes reales de Gorbachov. La intención de Gorbachov era, no la de preservar la URSS, si no la de crear un nuevo ente más descentralizado y de cariz distinto, suponiendo por ello la desaparición de la URSS y el fin del sistema centralizado comunista.

Diversas personalidades soviéticas tuvieron conocimiento de esto y empezaron a ver que las reformas de Gorbachov habían llegado demasiado lejos, y que el plan de crear una unión nueva era totalmente inaceptable. Pero para entonces el apoyo de la esfera con el que contaban Gorbachov y los suyos -de momento entre ellos todavía estaba Yeltsin- , ya era tan importante que los propios servicios de inteligencia norteamericanos suministraban apoyo a los reformistas.

En agosto de 1991, Gorbachov se encontraba de vacaciones en su dacha de Foros, en la península de Crimea. Los conspiradores -miembros del politburó y la KGB- habían tenido acceso en Moscú al nuevo tratado de la unión, que iba a firmarse aquel mismo mes, y vieron con estupefacción que de hecho, significaba el acta de defunción de la URSS. Así pues, los golpistas formaron un "comité estatal para el estado de emergencia", y después viajaron a a Crimea para presentar a Gorbachov un ultimátum que frenase todo aquello, declarando el estado de emergencia o que dimitiera. Gorbachov no colaboró. El presidente soviético, que estaba bajo claro secuestro, no firmó ninguna de las demandas de los golpistas.

Boris Yeltsin se dirige a la gente concentrada en la Casa Blanca sobre un tanque, en agosto de 1991. Véase el detalle de la bandera rusa. (Imagen: AP).


El golpe fue bastante torpe y tímido en lo que fue su ejecución -y preparación-. En Moscú varias unidades blindadas salieron a las calles, llegando a disparar contra la "Casa Blanca" (el equivalente en España al congreso de los diputados), pero sin mayor repercusión. EEUU monitorizaba con todo detalle las evoluciones, ya que podía desencriptar todas las comunicaciones militares soviéticas. A Yeltsin, presidente de Rusia y que se había erigido en principal figura en contra de los golpistas, le ofrecieron refugiarse en la embajada de EEUU en Moscú. Sin embargo, la tibieza del golpe dio sus contra-frutos y las unidades que debían haber controlado Moscú se terminaron poniendo del lado de Yeltsin o deponiendo su actitud. Poco después Gorbachov fue liberado por los acólitos de Yeltsin, y con ello cualquier rastro de la intentona quedó pulverizada, dejando por el camino 3 muertos en Moscú, y 3 participantes en la conjura que oficialmente se quitaron la vida.

La mayoría de los políticos occidentales mostraron de inmediato su apoyo a Gorbachov, que una vez terminado el golpe, dimitió como secretario general del PCUS, aunque siguió como presidente de la URSS. A finales de año, los presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, firmaron el tratado de Belavezha, poniendo en la práctica el punto y final a la existencia de la URSS, dando lugar a toda una panoplia de nuevos estados independientes y a unas instituciones conjuntas simbólicas (la CEI, Comunidad de Estados Independientes). Gorbachov dimitió el 25 de diciembre de 1991, entregando el poder a Yeltsin, y la nueva Federación Rusa fue reconocida como heredera de la URSS en la esfera internacional, sin objeción alguna.

Interrogantes finales.

Así pues, me aventuraré a dar alguna respuesta a la pregunta inicial que ha dado origen a este larguísimo artículo en 4 partes: ¿colaboró Felipe González en la caída de la URSS como decía Fidel Castro? 

A la vista de todo el desarrollo histórico, pero sin pruebas materiales que confirmen que, como decía Fidel Castro, Felipe González fue "asesor" de Gorbachov, si que es cierto que el mandatario soviético sentía una gran simpatía por González, al parecer, la más grande por otro político extranjero de los muchos que conoció en su trayectoria. De esta forma, parece claro que González si que tuvo su cierta parcela de influencia en los años finales de existencia de la URSS. 

Por otro lado, tras revisar la historia de Felipe González, podemos también situarle en la esfera de las operaciones anticomunistas de EEUU en Europa. Como figura de los engranajes para frenar al comunismo, primero en España y luego en el mundo, es bastante creíble barajar la hipótesis de que González colaboró en este preciso objetivo de Washington, ya sea de forma consciente o inconsciente, con buena intención o de forma aséptica, al menos con su frecuente correspondencia con Gorbachov, quien parece que buscaba algún tipo de apoyo moral o práctico en figuras políticas occidentales.

Ambos personajes, González y Gorbachov, coincidieron en ser políticos que tomaron medidas contraproducentes para sus respectivos países. Con González se inició la desindustrialización española, amén de medidas ultraliberales diversas, de igual modo que Gorbachov, comenzó a desmantelar y liberalizar el sistema soviético, actuaciones que posteriormente Yeltsin se encargó de acelerar, dando lugar a una década de los 1990 nefasta en Rusia.

Gorbachov falleció el 20 de agosto de 2022, en Moscú, siendo convencidamente socialdemócrata y políticamente olvidado. Felipe González le recordó como una personalidad extraordinaria, y le calificó como amigo íntimo.

La bandera soviética, siendo arriada del Kremlin tras la dimisión de Gorbachov en diciembre de 1991. (Imagen. ABC news).

Bibliografía

Hemeroteca.

El País, “España concede un crédito de 1.500 millones de dólares a la URSS”, 25 de octubre de 1990.
El País, “Gorbachov busca apoyo económico en su visita a España”, 27 de octubre de 1990.
El País, “España y la URSS firman acuerdos de cooperación económica”, octubre de 1990.
El País, “La deuda soviética y su reestructuración tras la disolución de la URSS”, febrero de 1992.
ABC, “La bandera soviética es arriada del Kremlin tras la dimisión de Gorbachov”, diciembre de 1991.
France Presse (AFP), fotografías y reportajes sobre el conflicto en Georgia (1989) y retirada soviética de Afganistán (1989).

Libros y estudios históricos.

Service, Robert: Historia de Rusia en el siglo XX, Barcelona, Crítica.
Brown, Archie: The Gorbachev Factor, Oxford University Press.
Kotkin, Stephen: Armageddon Averted: The Soviet Collapse 1970–2000, Oxford University Press.
Pons, Silvio: The Global Revolution: A History of International Communism, Oxford University Press.
Powell, Charles T.: España en democracia, 1975–2000, Madrid, Alianza Editorial.

Fuentes institucionales y documentación.

Congreso de los Diputados (España), archivo fotográfico y documentación de la visita oficial de Mijaíl Gorbachov a Madrid (1990).
Ministerio de Asuntos Exteriores de España, acuerdos bilaterales España–URSS (1990–1991).
Archivo histórico de la Unión Europea (CEE/UE), documentos sobre relaciones económicas Este-Oeste finales de los años 80.

Felipe González: el correo del Zar (III)

La URSS en 1980.

En 1980 la URSS era un superestado. Leonid Brezhnev llevaba ya 16 años como máximo dirigente soviético, durante los cuales había dado un golpe de timón. Las medidas en cierta manera liberalizadoras y atisbos de descentralización de Kruschev habían sido revertidas por la gestión de Brezhnev. Aunque a día de hoy, las políticas de la época de Brezhnev -apodada como una época de estancamiento- son encuadradas en la serie de factores más aceptados para explicar el colapso de la URSS, lo cierto es que en los primeros años de la década de 1970 los soviéticos llegaron a su nivel máximo de desarrollo. Y nada parecía indicar que fuese el fin, ni el principio del fin, o al menos a grandes rasgos.

Brezhnev, durante su época de presidente.


Los ingentes recursos naturales, energéticos, industriales y humanos, empujaban a toda máquina la locomotora soviética hacia lo que parecía un futuro prometedor. La crisis del petróleo de 1973 -a mi juicio, un hecho fundamental en la caída soviética de forma posterior- no solo pasó de largo sin dejarse notar en la URSS, si no que, muy al contrario dejó fuertes beneficios en las arcas del Kremlin. De repente, Moscú observó qué, el petróleo era una fuente fácil de obtención de divisas, pasando a prestar una cierta menos importancia a otros recursos.

En 1982 fallecía Brezhnev, y le sustituía Yuri Andropov, de 68 años que había sido director del KGB y llegaba con ideas reformistas al poder. Pero poco tiempo tuvo Andropov de presidir la URSS y de aplicar reformas, puesto que fallecía de un fallo renal en 1984, solo un año y unos meses después de llegar al cargo. Andropov, hay que citarlo, había sido uno de los valedores de Gorbachov en Moscú, que luego sería el reformista por excelencia, una vez llegado al poder. A Andropov le sucedió Konstantin Chernenko, pero que llegaba ya enfermo a la secretaría general del PCUS. De corte conservador, de Chernenko se esperaba que revirtiera el aperturismo iniciado por Andropov. Sin embargo Chernenko no duraría ni un año en el cargo.

"¿Cómo se supone que voy a llegar a algún sitio con los rusos si se me siguen muriendo?", dijo Ronad Reagan, tras la muerte de Chernenko.

Gorbachov llega al poder.

Así pues en 1985 Mikhail Gorbachov llegaba al poder, después de un rápido ascenso por el PCUS hasta la cúspide. A sus 54 años, Gorbachov se convertía en el dirigente más poderoso de la Tierra junto con el presidente de EEUU, -por entonces Ronald Reagan-. Gorbachov advirtió a su llegada al Kremlin de que la URSS necesitaba cambios para combatir el estancamiento que sufría desde la época de Brezhnev, y de esta forma, aunque sin precisar claramente cual era su programa de reformas, el nuevo presidente soviético empezó a activar mecanismos.

Reagan con Gorbachov en Islandia, 1986.


La primera medida efectiva de Gorbachov fue ponerse manos a la obra y luchar contra el alcoholismo de la población soviética. Algo extraño, sin duda. El alcoholismo, no obstante es un mal endémico de la sociedad rusa desde tiempo inmemorial, causando muchas muertes al año, pero como el propio Gorbachov reconoció en 2015 (en el diario Pravda):

"No había que lanzar una campaña, sino llevar a cabo una lucha permanente contra el alcoholismo. No se puede poner sobria a la sociedad en un solo salto."


Se inició entonces una especie de Ley Seca a medias, tendente a reducir de raíz el consumo de alcohol. Se redujo la fabricación de bebidas alcohólicas, se dificultó su venta, se arrasaron miles y miles de hectáreas de viñedos en el Caúcaso y Moldavia, y se bombardeó a la población con constante propaganda sobre los beneficios de la vida sana y el ser abstemio. Resultado: la población empezó a fabricar alcohol artesanal (samogón, una especie de vodka casero), con lo que se produjo un déficit de azúcar en las tiendas, el estado soviético perdió una ingente cantidad de dinero proveniente del alcohol, y la economía en general se resintió de manera muy notable. Ciertamente el número de accidentes de tráfico disminuyó, pero en definitiva, la campaña fue un fracaso, y solo sirvió para perjudicar a la URSS. 

Alambique de samogon en Armenia.


Si estudiamos la Ley Seca norteamericana entre 1920 y 1933, podemos ver que los resultados fueron muy parecidos. Esta medida perjudicial para la economía soviética tendría coincidencia en el tiempo con otros problemas económicos, y empezaría por ser probablemente la primera medida contraproducente de la gestión de Gorbachov. Por entonces, el petróleo seguía siendo la principal fuente de divisas para Moscú, como ya hemos citado, pero pronto esta fuente de ingresos iba a ser severamente atacada.

Con el tiempo, el programa de Gorbachov se resumiría en cinco puntos fundamentales:

1. PERESTROIKA (reestructuración), o lo que es lo mismo, el intento de reforma del sistema productivo soviético, introduciendo mayor independencia para las empresas soviéticas, y algunas medidas de mercado.

2. GLASNOST, (trasparencia), en un intento por hacer que el sistema soviético dejase de ser opaco, se trató de rebajar la censura y aumentar la libertad de prensa.

3. Democratización del sistema soviético. Con esta medida se pensaba reducir el peso del Partido Comunista, introduciendo elecciones, y

4. NÓVOYE MYSHLENIYE (nuevo pensamiento). Referido este punto a la política internacional, se trataba de poner fin a la Guerra Fría, acercándose a Occidente. Además de certificar la progresiva retirada de Afganistán, donde la URSS mantenía tropas desde 1982.

5. Reformas de mercado. Se empezaron a permitir iniciativas privadas a pequeña y media escala, y también comenzó a perder peso la planificación central de la economía.

Estos cinco puntos combinados, sobre todo el punto 3 y el 4, significaban -y significarían- en la práctica el acta de defunción de la URSS.

Casualmente, estas 5 medidas son básicamente muy similares a las que suelen pedir los organismos internacionales para aceptar nuevos miembros (la UE) u otros para dar ayudas (el FMI), y muy coincidentes con las asumidas en otros lugares, por ejemplo España.

Se puede establecer una comparativa, entre el programa de Gorbachov, y las medidas de González en sus primeras etapas de gobierno:

1. Reestructuración Económica (Perestroika): Gorbachov inició la transición hacia elementos de libre mercado. De forma análoga, González lideró la modernización y reconversión industrial, flexibilizó el mercado laboral y privatizó empresas públicas para integrar a España en Europa.

2. Apertura y Transparencia (Glasnost): Gorbachov impulsó la libertad de expresión y el debate público. En España, Felipe González, amplió libertades civiles y normalizó la libertad de prensa.

3. Democratización. Lo que en España se tradujo como la Transición, y ya era previo a la llegada de Felipe González al poder.

4. Fin del Intervencionismo Militar: Gorbachov retiró las tropas soviéticas de Afganistán para cesar el conflicto y recortar el gasto militar. González mantuvo un fuerte compromiso con la paz y la no escalada militar, lo que a nivel interno se tradujo en mantener a España al margen de alianzas bélicas directas durante su primer mandato.

5. Integración y Diálogo Internacional (Desarme y Fin de Doctrina Brezhnev): Gorbachov promovió cumbres con EE. UU. (tratados INF) y permitió elecciones libres en el bloque del Este. González abogó por el pacifismo y el diálogo Este-Oeste, actuando como mediador diplomático. Además, firmó el ingreso de España en la Comunidad Europea (1985) y mantuvo a España en la OTAN tras el referéndum de 1986.

Así, visto en conjunto, no parece que Gorbachov estuviera inventando nada nuevo con sus reformas, si no que estaba simplemente aplicando la clásica guía de recetas neoliberales -incluida la ley seca- tendente a convertir un estado en otro perfectamente compatible con los deseos del bloque Occidental. Algunas de las razones, las encontramos, en que por ejemplo, un estado "opaco" y centralizado cuenta con muchas cosas negativas, pero tiene la ventaja de ser menos intervenible por una potencia extranjera.

Felipe González, primer contacto con Gorbachov.

Para 1985 -año del ascenso al poder de Gorbachov- Felipe González llevaba ya tres años como presidente del gobierno en España. La primera vez que tanto González como Gorbachov se encontraron en un acto oficial fue el 26 de septiembre de 1985, en la asamblea de la ONU. En esa fecha González pronunció un discurso contra el terrorismo, al que calificó de especie de nuevo fascismo:

"Como los fascismos, el terrorismo pretende imponerse por la fuerza a las sociedades democráticas"


Al parecer hubo un encuentro más o menos informal entre ambos mandatarios, pero sin demasiada relevancia diplomática, aunque desde el primer momento comenzaron a mantener contacto por carta. Aunque, no hay que olvidar que González ya había mantenido contactos oficiales con los soviéticos. En 1977 -años antes de ser presidente del gobierno- González realizó una visita a Moscú, donde se entrevistó con Mikhail Suslov, secretario del comité central del PCUS, segundo hombre en importancia después de Brezhnev.

Volvería González a Moscú, en mayo de 1986 (un mes después del accidente de Chernobyl), en su primera visita como presidente del gobierno a la URSS. Esta visita estaba en la agenda ya desde la época de Chernenko, pero el anfitrión por motivos obvios iba a ser ahora Gorbachov. Los soviéticos mostraron cierto malestar por la adhesión de España a la OTAN, pero la sintonía entre Gorbachov y González empezó a cimentarse. Según el que era secretario de prensa de Gorbachov, Andrei Grachev, González era para el presidente soviético la imagen de lo que parecía un aliado político perfecto.

Felipe González con Gorbachov en Moscú, en 1986. El diario ruso Pravda editó la fotografía para borrar a los reporteros gráficos que se veían al fondo de la imagen.



La imagen original. (EFE).

En aquella reunión de 1986, Gorbachov, expresó su interés en que España se convirtiera en un mediador mundial en diversos conflictos tanto en Oriente Medio, como en América y África. Y de hecho era el papel que España llevaba a cabo. La reunión concluyó con el deseo de González de mantener un contacto periódico con Gorbachov para "intercambiar puntos de vista" y mediar entre la URSS, la OTAN, y la CEE (Comunidad Económica Europa, hoy UE) en la que España acababa también de entrar.

A Gorbachov también le empezarían a tantear otros líderes occidentales, como George H.W. Bush, Margaret Tatcher, François Miterrand, Helmut Kohl, o John Major, toda una panoplia de socialdemócratas y conservadores, pero unidos por el globalismo  y otros puntos en común. Todos ellos influyeron en Gorbachov, pero solo de González dijo que "era una de las personas más interesantes para hablar". 

Gorbachov sentía cierta semejanza con González, por quien el resto de líderes internacionales occidentales también mostraba una cierta simpatía. Desde el Reino Unido, por ejemplo, ya antes de la llegada de González a la presidencia del gobierno, le etiquetaban como un personaje interesante, dispuesto a purgar las instituciones de franquistas, y que además no era especialmente "anti-OTAN", como en el caso de otros políticos de la misma tipología (por ejemplo, el PASOK en Grecia). Por su parte, la sintonía de Gorbachov con Occidente fue creciendo y alejando a la URSS de su tradicional "anti-imperialismo" (aunque hasta entonces había practicado su propio tipo de imperialismo) acercando a Moscú a la esfera occidental.

Gorbachov expresaría más adelante su deseo de que España ejerciera un papel de mediador con Occidente, lo cual sucedió con González como intermediario real en ciertas ocasiones entre Washington y Moscú. Si España con Felipe González como "correo" entre la Casa Blanca  y el Kremlin no tuvo mayor repercusión, fue porque la caída del bloque soviético se produjo de forma acelerada, y quizá incluso, antes de tiempo.

1986, el principio del fin. Un año copernicano.

1986 sería un año de importancia clave en varios aspectos, en España, en la URSS y en el mundo. Y quizá probablemente fuera el punto de partida que marcaría de forma casi ineludible el principio del fin del bloque soviético. 

En España, el PSOE finalmente llevaba a cabo el referéndum sobre la permanencia del país en la OTAN. Aunque había llegado al poder en 1982 con el slogan "OTAN, de entrada, no", ahora González y los suyos hacían campaña por la permanencia, asegurando incluso que, de ganar el "no", podría dimitir. El que dimitió por este giro inesperado de guion fue el ministro de asuntos exteriores Fernando Morán, un año antes, en 1985, cuando además, España abrió la verja de Gibraltar, un hecho que podía observarse como un gesto de buena voluntad hacia la OTAN.

España ya estaba en la OTAN, sin embargo en 1986 sometió a referéndum su permanencia en la organización. Si primero el PSOE había ganando las elecciones de 1982 oponiéndose a la entrada de España en la OTAN, ahora Felipe González dejaba caer que dimitiría si el NO era la opción triunfadora. Y ganó el SI por un estrecho margen.

Cartel del PSOE en apoyo del SI a la OTAN.


En la URSS tenían un tremendo efecto dos hechos, que impactaron tanto la economía como la confianza en el estado. En 1986, Arabia Saudí decidió inundar el mercado del petróleo aumentando exponencialmente su producción, haciendo caer los precios -recordemos que la fuente estrella de obtención de ingresos soviética era el petróleo-. La operación saudí -bien monitorizada y seguida por la CIA- causó una enorme caída de los ingresos de las arcas soviéticas, que ya se habían visto sacudidas por la campaña antialcohólica emprendida por Gorbachov el año anterior, y todavía no se habían recuperado. Así, la URSS, se empobreció todavía más mientras seguía adelante con las reformas, perdiendo anualmente miles de millones de dólares en divisas producto del petróleo.

Pero todavía lo peor estaba por llegar. En abril de 1986 estallaba el incidente de Chernobyl. Y mientras Gorbachov llevaba más de un año hablando de "Glasnóst" tardó días en tomar medidas, y casi tres semanas en admitir el suceso públicamente, condenando así la vida de miles de personas, y perdiendo por el camino una valiosa ocasión para hacer un ejercicio de transparencia y aumentar la confianza en el aparato estatal. Sin embargo, Chernobyl fue precisamente lo contrario, los ciudadanos soviéticos vieron como, el estado ni los protegía, ni les estaba contando la verdad. O al menos el gabinete que con Gorbachov a la cabeza ostentaba el poder en el Kremlin, y que parecía hacer lo contrario de lo que decía.

Las crisis de abastecimientos.

Durante la existencia de la URSS, las crisis de abastecimientos fueron en mayor o menor medida una constante. Aunque la producción de bienes de consumo era sobre el papel capaz de proveer de este tipo de consumibles (ropa, alimentos, etc) a la población soviética, de cuando en cuando se producían problemas, que provocaban escaseces en las tiendas. De forma intermitente, el suministro podría ser irregular. 

A muy grandes rasgos los problemas de abastecimiento estaban causados por varias razones. La primera coinciden la mayoría de los autores e investigadores que radica en la rigidez del Gosplan (todopoderoso ministerio de planificación central), que gestionaba la producción con vistas a cumplir planes, y no a satisfacer las demandas reales de la población. La segunda y no menos importante razón era el sistema de distribución, que quizá era el punto más delicado. Los transportes de la URSS dependían fuertemente de extensísimas líneas ferroviarias, y aunque los ferrocarriles estaban muy desarrollados, el sistema de transportes se encontraba en ocasiones saturado. Así, las mercancías llegaban a sus destinos, pero a veces no a tiempo, echándose a perder.

Las medidas de Gorbachov intentaron paliar estos problemas, logrando lo contrario. En el periodo de 1987 a 1990 las crisis de abastecimientos se agravaron.

La cara optimista de la URSS.

Sin embargo, y aunque la URSS estaba sufriendo severos traspiés económicos -heredados de desajustes de la década anterior, sumados a los problemas causados por las medidas de Gorbachov- seguía teniendo indicadores que reflejaban otra cara muy diferente. Por ejemplo, la natalidad en la URSS, aunque había descendido de forma similar al resto de Europa, seguía siendo positiva, con una tasa de crecimiento del 0,9% entre 1979 a 1989. 

Otro factor muy interesante que no suele tenerse en cuenta es el del turismo. El turismo soviético experimentó en la década de 1980 un desarrollo espectacular. La URSS empezaba a sumar más visitas del resto del mundo -sobre todo de ciudadanos de otros países comunistas-, aunque por motivos de su funcionamiento interno, lo que más peso tenían eran los desplazamientos internos. Y es que salir de la URSS no era fácil para un ciudadano soviético, puesto que se necesitaban toda una serie de permisos especiales. Aún así, los desplazamientos internos en la URSS por motivos de turismo tuvieron su pico histórico en 1988, alcanzando la nada desdeñable cifra de 69 millones de desplazamientos, que suponía que 1/3 de la población soviética hizo turismo aquel año, en total unos 286 millones de habitantes.

Turistas soviéticos en una playa de Bulgaria. (Imagen: TASS).


De momento, aunque con muchos problemas, no parecía que la URSS fuese rumbo al precipicio de forma inevitable. Pero se le iban a seguir sumando piedras en el camino.

Mientras tanto, la correspondencia entre Felipe González y Gorbachov continuaba. Volverían a verse personalmente en 1990, en Madrid.

(Ver siguientes capítulos).

(Enlace a capítulo IV).

Bibliografía.

Hemeroteca.

El País, “La crisis del petróleo y sus efectos en la economía soviética”, años 1973–1980 (análisis retrospectivos).

El País, “Gorbachov y la campaña contra el alcoholismo en la URSS”, 1985–1988.

Pravda, declaraciones de Mijaíl Gorbachov sobre la campaña antialcohol (ediciones de los años 80; referencia citada en prensa posterior).

ABC, cobertura retrospectiva del accidente de Chernóbil y sus consecuencias políticas, abril–mayo 1986.

TASS (Agencia Telegráfica de la Unión Soviética), reportajes sobre turismo interno y vida social en la URSS, años 80.

Libros y monografías académicas.

Service, Robert: History of Modern Russia: From Tsarism to the Twenty-First Century, Penguin / Harvard University Press.

Taibo, Carlos: Historia de la Unión Soviética, Alianza Editorial.

Kotkin, Stephen: Armageddon Averted: The Soviet Collapse 1970–2000, Oxford University Press.

Brown, Archie: The Gorbachev Factor, Oxford University Press.

Suny, Ronald Grigor: The Soviet Experiment: Russia, the USSR, and the Successor States, Oxford University Press.

Figes, Orlando: The Whisperers: Private Life in Stalin’s Russia (contexto social del sistema soviético).

Hobsbawm, Eric: Historia del siglo XX (Age of Extremes), Crítica.

Fuentes institucionales y documentación

Archivos del Partido Comunista de la Unión Soviética (programas de reforma y documentos del Comité Central, años 1980–1985).

Documentación del Gosplan (Comité Estatal de Planificación de la URSS), informes económicos de los años 70–80.

Archivos de la OTAN sobre el referéndum español de 1986.

Organización de las Naciones Unidas, registros de discursos de 1985–1986 (González y contexto internacional).

Memorias y fuentes primarias.

Gorbachov, Mijaíl: Memoirs, Doubleday, 1996.

Gorbachov, Mijaíl: entrevistas posteriores (incluidas declaraciones sobre la campaña antialcohol).

Reagan, Ronald: discursos presidenciales (1981–1988), especialmente sobre relaciones Este-Oeste.

Bush, George H. W.: declaraciones sobre el final de la Guerra Fría (1989–1991).

Estudios interpretativos.

Delors, Jacques: discursos sobre integración europea y relaciones Este-Oeste (1985–1990).

Pons, Silvio: The Global Revolution, Oxford University Press.

Westad, Odd Arne: The Cold War: A World History, Basic Books.

Powell, Charles T.: España en democracia, Alianza Editorial.

Felipe González: el correo del Zar (II)

Golpe de partido en Suresnes.

La década de 1970 fue tremendamente clave en la escena política española. Ante la decrepitud tanto de Franco como de su sistema político, los principales actores internacionales no podían dejar al azar a la situación política española. Los elegidos para pilotar el proceso fueron generalmente perfiles jóvenes, el entonces príncipe Juan Carlos, Adolfo Suárez, y por su parte, Felipe González, desde 1972 líder del nuevo PSOE, figura muy pujante. Más todavía lo sería desde 1974, cuando en el congreso que celebró el PSOE en Suresnes (Francia) González terminó por hacerse con el control del partido, logrando reemplazar a Llopis al frente. Supuso el congreso de Suresnes un antes y un después en la historia del PSOE, tan importante o más que la Guerra Civil española.


Imagen del propio congreso del PSOE celebrado en Suresnes, localidad cercana a París. En la imagen, François Miterrand se dirige a los militantes del PSOE. (Imagen: La Vanguardia).

El congreso de Suresnes significa el punto de inflexión total entre el PSOE tradicional y los jóvenes renovadores, que lograron forzar a los miembros más antiguos a ponerse a un lado o finalmente a abandonar el partido. De hecho, el programa político emanado de este congreso, se bautizó como "Ruptura Democrática", que sin engaño deja claras las intenciones de los que en aquel momento fueron los triunfadores del citado congreso. Muy interesantes -a la par que en algún caso muy polémicos- son los puntos del programa de Suresnes:

1. Libertad de todos los presos políticos y sindicales.

2. Devolución de todos sus derechos a las personas que hayan sido desposeídas por sus actuaciones políticas y sindicales contra la dictadura.

3. Disolución de todas las instituciones represivas.

Reconocimiento y protección de las libertades mediante:

4. Libertad de partidos políticos.

5. Libertad sindical.

6. Libertad de reunión y expresión.

7. Derecho de huelga y manifestación.

8. Restitución del patrimonio expoliado a las organizaciones políticas y sindicales suprimidas por la dictadura.

9. Convocatoria de elecciones libres en plazo no superior a un año a fin de que el pueblo manifieste soberanamente su voluntad.

10. Reconocimiento del derecho de autodeterminación de todas las nacionalidades ibéricas.

Especialmente creo que destaca el punto número 10. ¿Qué intención tenía el PSOE abriendo un hueco para la fractura española desde antes de la caída del régimen? ¿Qué necesidad había para insertar ese tipo de idea en un momento en el que mayoritariamente el pueblo de cada región española no pensaba en secesionismos ni autodeterminaciones? -ni los propios catalanes o vascos, exceptuando los radicales, pedían tal cosa- Se ha hablado de este punto desde entonces, sobre todo porque Felipe González recientemente se ha convertido en un activo detractor de la autodeterminación.

Entre tanto, al margen de la política interna del PSOE Destaca también de forma muy importante la libertad con la que operaban los miembros del PSOE en España. Al parecer, el propio régimen franquista optó por favorecer al PSOE de forma interesada para perjudicar al Partido Comunista. El comisario Manuel Ballesteros, personaje que daría para varios artículos hablando sobre su trayectoria policial en el franquismo y la democracia, cuenta, como recoge el libro ya citado anteriormente "La CIA en España" (Alfredo Grimaldos) que:

“Entre 1964 y 1975 estuve precisamente en la información del mundo universitario, muy estrechamente relacionado con la política entonces clandestina. Y lo que viví fue que, a partir de cierto momento, la dictadura propició el resurgir del PSOE, para ahogar al PCE” (La CIA en España, Ángel Grimaldos).

Al parecer, las autoridades franquistas no solo hacían la vista gorda con los miembros del PSOE (recordemos que ya la habían hecho con las actividades del SPD en suelo español) si no que facilitaban además la entrada de propaganda socialista y los desplazamientos. Fruto de esto, los González, Guerra, y otros, pudieron asistir al congreso de Suresnes en Francia, donde habrían de pegar el definitivo golpe de timón al PSOE, ya con Franco enfermo.

La trama Flick. Financiación extranjera anticomunista para González y el PSOE.

Tras la muerte de Franco, en 1976 y aún sin haber sido legalizados los partidos políticos en España, el PSOE recibió una fuerte inyección económica proveniente de Alemania. Alrededor de 200 millones de pesetas pasaron a formar parte de las arcas de los socialistas españoles. La propia cuenta de Felipe González se habría visto tremendamente engordada. Algunas fuentes cifran en unos 225 millones de pesetas el pellizco que se habría llevado González. Según se descubrió a principios de la década de 1980 el diputado alemán del SPD Hans Jürgen Wichnewski (cuando se conoció el caso, se le apodó "el hombre de la maleta") habría sido el enlace que entregó los fondos a Felipe González. El dinero habría sido a su vez facilitado por el magnate alemán Friedrich Karl Flick, cuyo padre había sido un muy cercano y necesario colaborador del régimen nazi. De hecho, el gerente del consorcio industrial propiedad de Flick, era Eberhard von Brauchitsch, hijo de Walther von Brauchitsch, comandante en jefe del ejército alemán al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Walther von Brauchitsch, en 1939. (Imagen: Bundesarchiv).

El asunto empezó a destaparse cuando se descubrió en Alemania (no en España, claro) que los partidos políticos recibían financiación a través de sus fundaciones mediante ingentes pagos en efectivo. En unos 20 años, todos los partidos políticos alemanes habían sido regados con unos 1.300 millones de euros provenientes de la trama de Flick. Resumidamente, la hacienda alemana había descubierto nada más y nada menos que todo el Bundestag (el parlamento alemán) recibía frecuentes donaciones que venían de Flick, incluidos varios ministros de economía que habían hecho deducciones fiscales al magnate por valor de más de 450 millones de euros actuales. 

En Alemania el asunto fue tapándose poco a poco. Algunas dimisiones por allí, algunas  investigaciones sin fin por allá, mientras Flick se retiraba de los negocios, sus empresas eran troceadas, y el hijo del general nazi von Brauchitsch colaboraba con la justicia. Luego, varios políticos como Helmut Kohl perdieron la memoria y no se acordaban de haber recibido dinero alguno, y así el caso fue quedando en vía muerta. Y al final en el olvido.

En España, el caso Flick se conoció algo más tarde. En 1984, el diputado alemán Peter Struck declaró que el PSOE había recibido también dinero de la misma trama. Más tarde, en 1990 la revista alemana Der Spiegel publicó que los fondos entregados al PSOE procedían de los servicios de inteligencia alemanes. Cuando se destapó el escándalo en 1984, González, al ser preguntado por ello en el Congreso de los Diputados respondió que:

“No he recibido un duro, ni una peseta, ni de Flick ni de Flock. Lo diré hoy, la semana que viene y dentro de tres años”

A partir de entonces se creó una comisión de investigación presidida por el PSOE, que tenía además mayoría en el Congreso, por lo que las indagaciones no iban a tener más recorrido que el de la mera escenificación teatral. Lo más interesante fue la comparecencia del hijo de von Brauchitsch ante la comisión, de la que formaba parte Santiago Carrillo, ex-secretario general del PCE y por entonces en el grupo mixto. Carrillo le espetó a von Brauchitsch la siguiente pregunta:

"Tengo entendido que el señor Flick fue condenado por el tribunal de Nuremberg como criminal de guerra nazi. Y creo que usted es hijo del general que fue jefe del Estado mayor de Hitler (…) Entonces, ¿cómo se explica que ustedes financien al PSOE?"

La lacónica respuesta de von Brauchitsch no por escueta, fue menos esclarecedora:

"Tratábamos de cerrar el paso al comunismo y el partido mejor situado para hacerlo era el PSOE"

Con las cartas boca arriba de los alemanes, el anticomunismo del PSOE y su colaboracionismo con intereses más allá de los propios de España parecían estar bastante probados. La comisión terminó sus pesquisas en 1985, declarando que todo era mentira, y el PSOE no había recibido financiación extranjera alguna "desde su legalización en 1977", puntualización esta importante ya que después de ese año se legislaron las formas de financiación de los partidos políticos, que excluía la financiación extranjera. Carrillo, dentro de la comisión del caso Flick, también pidió que se prohibieran las actuaciones de fundaciones foráneas como la Ebert. Sin embargo, a día de hoy fundaciones y organizaciones extranjeras siguen operando sin problema en España.

Muchas fuentes consultadas aseguran que González admitió finalmente haber recibido dinero alemán, pero que había sido por "una causa noble". Sin embargo, no he logrado encontrar una fuente más contrastada para asegurar que la confirmación de González es totalmente cierta.

Los rumores de la lluvia dorada de dinero que les llegó a los socialdemócratas en España, para cerrar este apartado, no se limitan únicamente al PSOE. También se rumorea que los sindicatos como UGT, fueron patrocinados desde EEUU, con sus intermediarios mediante fundaciones, bien la Ebert o la NED (National Endowment for Democracy), una organización anticomunista del gobierno de EEUU para estos fines que opera en todo el mundo.

El asalto al poder.

Alfonso Guerra y Felipe González celebrando la victoria electoral en octubre de 1982. (Imagen: El País.)


Las elecciones de junio 1977, con el PSOE ya legalizado, confirmaron que la estrategia norteamericana de fortalecer a los socialdemócratas para hacer de freno al comunismo daba frutos: el PSOE de Felipe González era la fuerza de izquierdas más votada en detrimento del "temido" Partido Comunista. El PCE sufría un descalabro electoral del que no se recuperaría nunca jamás, hasta su futura dilución en IU. Por poner números encima de la mesa, el PSOE obtenía 118 diputados, y el PCE, únicamente 20. Puede especularse también, si fue la estrategia de inyectarle fondos al PSOE la que dio el fruto del éxito principal, o quizá que se había agrandado en exceso el peso y el poder real del PCE, debido a un excesivo pánico anticomunista por parte de algunas esferas, más allá del Atlántico. Pero no fue el PSOE el vencedor de las elecciones.

La UCD se hizo con la victoria electoral, sin mayoría absoluta por poco, y Adolfo Suárez se puso a los mandos del nuevo gobierno democrático. Hay varios puntos en los que Suárez, demostró que no podía ser del agrado del orden internacional occidental. Por una parte se incluyó pronto en el bloque de países no alineados, alejándose de la OTAN y buscando una neutralidad, que encajaba más con la dialéctica de la política internacional tradicional de España. Por otra parte, otro factor áspero para EEUU era el no reconocimiento del estado de Israel mientras Suárez le abría a Arafat las puertas de la Moncloa en 1979, en un momento en el que la OLP era considerada por occidente como un grupo terrorista. Por su parte y al margen, Felipe González, en su incansable actividad internacional, ya había establecido contactos con los israelíes. A partir de 1980, tanto el PSOE como el Partido Laborista israelí de Shimon Peres trabaron muy buena relación.

Esta tendencia "independiente" de Suárez, le llevaron a granjearse enemistades en Washington. El presidente Jimmy Carter, presionaba frecuentemente a Suárez para que permitiera el uso de las bases españolas a los norteamericanos, a lo que éste también se negaba. Además, y como ya se ha comentado en este mismo blog en pasados artículos, Suárez podría haber sido favorable a no descartar el "proyecto Islero", el programa nuclear español, que los americanos querían cortar de raíz.

Efusivo encuentro de Adolfo Suárez con Yasser Arafat en el palacio de la Moncloa en 1979. En aquel entonces, ambos en el bloque de "No Alineados". (Imagen: EFE).

Así pues, entre frecuentes fricciones con Washington, y rumores de preparativos de golpes de estado, llegó la dimisión de Suárez en enero de 1981. El primer presidente del régimen de 1978 no resistió hasta el final de la legislatura en el cargo tras una dura campaña de acoso y derribo de la oposición, fundamentalmente del PSOE, junto con diversos medios de comunicación, y de su propia oposición interna. Adolfo Suárez, fue relevado por Leopoldo Calvo Sotelo, también de la UCD.

Obviamente deberíamos hablar del golpe del 23 F. A la vista de lo que estamos contando, podría pensarse de forma sencilla, que este golpe no fue más que una intentona por promover un gobierno en España más favorable a la OTAN. Pudiera ser cierto que alguna inspiración tuvieran los planes de golpe (hubo varios) en forzar un gobierno más favorable a Washington, aunque Suárez dimitió antes del golpe del 23F. Calvo Sotelo en cambio y curiosamente, nada más llegar a la presidencia tomó toda una serie de medidas internacionales opuestas a la política de Suárez, y que casaban con lo que quería Washington: solicitó la entrada de España en la OTAN, y canceló el proyecto Islero de forma definitiva. De esta forma, se ponía punto y final a cualquier ambición de independencia de la política internacional española.

Duró poco el gobierno de Calvo Sotelo. Después de que la UCD obtuviera unos resultados mediocres en las elecciones autonómicas andaluzas de 1982, Calvo Sotelo adelantó las elecciones generales. Así, estas se celebraron en octubre de 1982, y fueron las de la histórica mayoría absoluta del PSOE. De esta forma, Felipe González llegaba a la presidencia del gobierno de forma rutilante, estrepitosamente victorioso, y con el mentiroso slogan de "OTAN, de entrada no". 

Pero como vemos aquí ya parecía que valía todo, haciendo verse a la democracia desde un observador de hoy como un mero invento para manipular y confundir a la opinión pública y aplacar revoluciones y pensamientos incómodos. Lo mismo que el PSOE aplacaba las ansias de los izquierdistas, con otros métodos se iban a aplacar otras cosas. Tu votas una cosa, pero yo haré la contraria si lo necesito. Como tiene que ponerse de acuerdo mucha gente para que el engaño o el fraude sea admitido y visto como cierto, no pasa nada. Y cuanto más tiempo pase, menos importará. La democracia como sistema para fines maléficos es un instrumento muy eficiente en cualquier nivel.

Al final, y para cerrar este capítulo, que continuará en el III donde intentaremos arrojar luz sobre la pregunta original tras toda esta exposición (¿colaboró Felipe González con la caída de la URSS?) podríamos especular con qué, si la democracia de tipo occidental actual no es más que el puerto de entrada para la manipulación de determinadas potencias extranjeras.

Calvo Sotelo con Felipe González en noviembre de 1982, tras la victoria aplastante del PSOE en las elecciones de octubre del mismo año.

(Ver siguientes capítulos).

(Enlace a capítulo III).

Bibliografía.

Hemeroteca.

El País, “Congreso de Suresnes: renovación del PSOE”, octubre de 1974.
El País, “Elecciones generales de 1977: resultados y análisis”, junio de 1977.
El País, “El PSOE gana las elecciones de 1982”, octubre de 1982.
El País, “Debate sobre la entrada de España en la OTAN”, 1981–1986.
ABC, cobertura del 23-F y transición política española, febrero de 1981.
Der Spiegel, “Flick-Affäre und Parteienfinanzierung in Deutschland”, años 1980–1984.
EFE, archivo fotográfico y hemerográfico sobre Suresnes, transición española y elecciones de 1982.

Libros y estudios históricos

Powell, Charles T.: España en democracia, 1975–2000, Alianza Editorial.
Soto Carmona, Álvaro: Transición y democracia en España, Alianza Editorial.
Preston, Paul: El triunfo de la democracia en España, Debate.
Tusell, Javier: La transición española, Taurus.
Gunther, Richard; Sani, Giacomo: Spain After Franco: The Making of a Competitive Party System, University of California Press.
Morán, Gregorio: El precio de la transición, Planeta.
Gillespie, Richard: The Spanish Socialist Party: A History of Factionalism, Oxford University Press.
Heywood, Paul: The Government and Politics of Spain, Palgrave Macmillan.
Actas y documentación del Partido Socialista Obrero Español (Congreso de Suresnes, 1974).
Grimaldos, Alfredo: La CIA en España, Debate.
Der Spiegel (números de 1983–1984 sobre la Flick-Affäre).
Friedrich Karl Flick – Bundestag Untersuchungsberichte, Parlamento alemán (informes de investigación sobre financiación política).
Köhler, Henning: estudios sobre financiación de partidos en Alemania en los años 70–80.

Fuentes institucionales

Archivo del Congreso de los Diputados: debates sobre financiación de partidos y comisiones de investigación (1984–1985).
Archivo del OTAN: documentos sobre la incorporación de España (1982–1986).
Documentación del Ministerio de Asuntos Exteriores de España (transición y política exterior).
Mitterrand, François: discursos sobre socialismo europeo (años 70–80).
Brandt, Willy y el SPD: política de internacionalización de la socialdemocracia europea.
Helmut Kohl: memorias y documentos sobre financiación política en Alemania.
NED (National Endowment for Democracy): informes fundacionales y estrategia de financiación democrática internacional (años 80).
Westad, Odd Arne: The Cold War: A World History, Basic Books.
Judt, Tony: Postwar, Penguin Press.
Hobsbawm, Eric: Historia del siglo XX, Crítica.
Brown, Archie: The Rise and Fall of Communism, Bodley Head.

Felipe González: el correo del Zar (I)

Felipe González, a finales de los años 1970. (Imagen: lamiradadisidente.es)

Felipe González nos pareció un conversador ágil, brillante, con “charme”… Pero, de pronto, sacó un largo cohiba, lo encendió con parsimonia y se lo fumó como un sibarita. A mí ese pequeño detalle me chocó, me extrañó. Era un trazo burgués que no encajaba con sus calzones vaqueros, ni con su camisa barata de cuadros, ni con su izquierdismo… (Miguel Paredes, comandante del SECED en los años 1970, después de uno de los contactos del régimen franquista con el PSOE).

Las cosas que se tramaron en España durante el franquismo y sobre todo con los últimos coletazos de este superan a cualquier argumento de novela negra, o guión de película de intrigas y espías. Decir que nada fue en realidad como nos han contado, es una afirmación tan aburrida como fácil, aunque con poco margen de error, donde la libertad que nos vendieron, no era más que la mascota de un plan urdido ajenamente a los intereses del bien común, en donde la democracia española parece no haber sido más que un peón de la política internacional de la Guerra Fría.

El protagonista de este humilde artículo es Felipe González Márquez, sin duda la figura que con el paso de los años ha ido poco a poco saliendo a la luz como el auténtico protagonista de la transición española e importante agente en la última década de la Guerra Fría. Mi afán por haberme puesto a investigar este asunto de forma seria mediante la mejor revisión de bibliografía y hemeroteca posible parte del libro "Fidel Castro, biografía a dos voces", de Ignacio Ramonet, en donde Fidel asegura -o acusa- varias veces que González asesoró a Gorbachov en las reformas de la URSS (Perestroika), y que incluso pretendió aconsejarle a el mismo en varias ocasiones sobre las necesarias transformaciones que debían efectuarse en Cuba. De este modo Fidel opinaba que González fue un participante activo en la caída de la URSS. Durante el interesante camino para averiguar si esto fue cierto o no, he encontrado asuntos públicos, pero de los que nadie habla y pocos se interesan y que dejan numerosos interrogantes y zonas sombrías y muy oscuras en torno a Felipe González.

Portada del libro, Fidel Castro biografía a dos voces, de Ignacio Ramonet. Muy recomendable tanto para los que les guste la figura de Fidel Castro, como para sus detractores. 

Dado lo interesante del asunto -al menos para mi-, he decidido desarrollar el tema en profundidad, en varios capítulos, en los que se analiza tanto la historia de Europa, como de España y de la URSS. Evidentemente, el fin último de averiguar algo sobre si González tuvo algo que ver o no en el colapso de la URSS es imposible, por cuanto no habría quedado documentación pública que lo deje claro, pero al menos, si que hay puntos a lo largo de los capítulos que pueden indicar que la historia tal vez no es como nos la han contado.

El inicio de la Guerra Fría. El sistema político anticomunista de Washington.

La puerta de Brandemburgo, en medio de ruinas. Buena parte de Alemania quedó devastada al final de la Segunda Guerra Mundial. Tanto material, como políticamente. (Imagen: Muy Interesante).

Nuestra historia comienza más o menos en la década de 1950, lejos de España y en un lugar que de momento, no tiene aún ningún tipo de relación ni con la Península, ni con Felipe González. Alemania todavía estaba en proceso de reconstrucción, tanto material como política, y las mentes pensantes de Washington ya se habían puesto a darle a los engranajes para fabricar tanto un proceso de reconstrucción alemán, como la erradicación del nazismo y más importante que todo eso, el freno ideológico al comunismo. 

Para ello, los norteamericanos diseñaron un modelo político que debía servir como el perfecto tapón a la expansión del comunismo en Alemania. Habría dos partidos mayoritarios, uno socialdemócrata, y otro democristiano, en este caso, el SPD y el CDU. Ambos, tendrían sus respectivas fundaciones, a través de las cuales recibirían los fondos necesarios para mantenerlos en el poder. Existirían otros partidos, claro, pero sin trascendencia. Por su parte, el partido comunista alemán, el KPD, quedaría ilegalizado (aún hoy lo está, desde 1956). 

El apartado de las fundaciones, como veremos, será muy importante en todo el entramado. El mismo año de ilegalizarse el KPD (1956), se ponía en marcha la fundación del SPD, bautizada como Friedrich Ebert, popularmente, la "fundación Ebert", así llamada por un histórico socialdemócrata alemán. Poco después ya con este punto de partida, empieza a aparecer en la historia el PSOE, por aquel entonces en el exilio, y prácticamente sin presencia en España. Los contactos entre socialistas españoles y la fundación Ebert del SPD se produjeron a partir de 1957, aunque de forma más amistosa y simbólica que otra cosa.

En todo el esquema, el primer momento importante se produce en 1959. Aquel año el SPD celebraba un congreso en Bad Godesberg, localidad cercana a Bonn, en el cual presentaba su nuevo programa, renunciando al marxismo, que hasta entonces había estado presente de forma general en la socialdemocracia europea. La renuncia al marxismo era un requisito fundamental en el nuevo orden anticomunista diseñado por los norteamericanos para su esfera de influencia, partiendo de "su" territorio alemán, que terminaba en la frontera con la RDA, la parte de Alemania que no habían ocupado ellos y que estaba en la órbita soviética. En un par de décadas, el congreso de Bad Godesberg, sería un calco de lo que sucedería en el PSOE.

Portada del programa que surgió del congreso de Bad Godesberg en 1959. El SPD (homónimo del PSOE en Alemania) renunciaba al marxismo y se enrolaba en el nuevo orden occidental.

El SPD pues, pasó a constituirse como el colchón que amortiguaba las ideas marxistas en Alemania, acaparando las mentes y las ideas de los ciudadanos que se consideraban de orientación izquierdista en un rebaño controlado y apartado de cualquier pensamiento comunista. Podría decirse que, el mejor instrumento anticomunista desarrollado por Washington durante la Guerra Fría, fue la nueva socialdemocracia de corte moderado. Y desde Alemania la idea se expandió con más o menos éxito por el resto de Europa.

La Fundación Friedrich Ebert y sus operaciones en la Península Ibérica.

Ya en los primeros años de la década de 1960, la fundación Ebert empezó a financiar actividades de otros partidos socialdemócratas fuera de Alemania. Los socialdemócratas alemanes, empezaron a operar en pleno Madrid de la dictadura franquista, donde trataba de captar universitarios, que en algunos casos obtenían becas para estudiar en Alemania. El SPD tenía un especial interés en formar a los futuros dirigentes socialdemócratas, políticos y sindicales y lo curioso, es que no encontraron en España una especial persecución de las autoridades franquistas, a pesar de que las actividades de partidos políticos ajenos al movimiento franquista estaban estrictamente prohibidas. La sede de la fundación Ebert, sigue por cierto activa hoy día en Madrid y en un buen número de países.

Logotipo de la fundación Friedrich Ebert.

Especial éxito tuvo la Ebert en un episodio de la historia europea bastante olvidado. La Revolución de los Claveles en Portugal en 1974 pareció sorprender a los norteamericanos. De repente un golpe comunista acababa con la longeva dictadura conservadora portuguesa, y establecía un nuevo régimen que Washington temía que acabara en la órbita soviética, tras nacionalizar la banca y gran parte del tejido industrial luso. La financiación para el Partido Socialista de Portugal -muy minoritario hasta entonces- a través de la Ebert, colaboró en la llegada al poder de los socialistas portugueses, abortando la situación comunista en Portugal. La Revolución de los Claveles quedaba desarticulada, y Portugal navegaba por aguas moderadas, como deseaba Washington, y su cabeza pensante Kissinger.

A parte de la Fundación Ebert, otro actor importante apareció en la escena de la trastienda política española. En 1975 el nuevo embajador norteamericano, Wells Stabler, presentaba sus credenciales en El Pardo. Aquello era solo un formalismo, puesto que a Stabler le interesaba poco el régimen franquista, y mucho el nuevo orden de España. Desde la llegada a Madrid, Stabler se pondría manos a la obra contactando con líderes antifranquistas en la clandestinidad y con jefes del régimen, a partes iguales para gestionar el cambio de sistema en España.

El PSOE "interior".

Faltaba pues ahora solucionar la situación española, donde se temía una intentona comunista como en Portugal, con el fallecimiento de Francisco Franco y el estado de descomposición de su régimen. El plan de la socialdemocracia como medida anticomunista estrella seguía en marcha. Pero para aplicarlo en España, hacía falta un organismo socialdemócrata solvente, lo cual todavía en la década de 1970 no existía. El PSOE continuaba en el exilio, aunque, con las actividades socialdemócratas en el interior de España empezó a crecer el número de militantes y líderes en suelo español. Era el PSOE "interior", diferenciado del "exterior", en el exilio, que era el que ostentaba el liderazgo del partido, presidido por Rodolfo Llopis, veterano socialista, que había sido diputado en la II República. De ese PSOE interior, de corte universitario y burgués, ya habían empezado a destacar algunos jóvenes, como Felipe González, Alfonso Guerra, o Nicolás Redondo.

Rodolfo Llopis, en un acto del partido. (Imagen: UGT).

Llopis no encajaba con los ideales del PSOE interior donde Felipe González era ya a principios de la década de 1970 la figura más destacada. Los miembros del PSOE en España, defendían la idea de actualizar el ideario político y trasladar el peso del partido al interior del país, para continuar allí con la lucha contra el franquismo y no desde el exilio. Por otra parte, los miembros del PSOE en conjunto eran escasos, unos 3600 en total, de los cuales, más de la mitad se encontraban en España, superando al PSOE en el exilio. Y precisamente era el PSOE interior el que recibía el apoyo del SPD alemán por medio de la Fundación Ebert, asunto que a Llopis también le despertaba recelos. Recelos que se verían confirmados pronto.

En 1972, en el XXV congreso del PSOE en Toulouse, las pretensiones de los renovadores se impusieron. Llopis lo entendió como un golpe dentro del partido y no aceptó el resultado, produciéndose una escisión que provocaría en la práctica la desaparición del PSOE y su fragmentación en dos. Llopis y sus seguidores formaron un partido nuevo, el PASOC (Partido de Acción Socialista), y González y los suyos, aunque no eran del grupo histórico y tenían bastante poco o nada que ver con las ideas tradicionales clásicas del socialismo, se quedaron con las siglas PSOE, apropiándose de la historia del partido y sus símbolos. Sin embargo, a la junta colegiada que ahora gestionaba el PSOE formada por, González, Castellano, Redondo y otros, todavía le quedaba trabajo por hacer, lo cual, sería puesto en marcha en los siguientes congresos.

(Ver siguientes capítulos)

(Enlace a capítulo II).

Bibliografía.

Libros y estudios.

Ramonet, Ignacio: Fidel Castro, Biografía a dos voces, Debate.

Hobsbawm, Eric: Historia del siglo XX (Age of Extremes), Crítica.

Westad, Odd Arne: The Cold War: A World History, Basic Books.

Judt, Tony: Postwar, Penguin Press.

Gaddis, John Lewis: The Cold War: A New History, Penguin.

Mazower, Mark: Dark Continent, Vintage.

Padgett, Stephen & Burkett, Thomas: Social Democracy in Germany, Longman.

Lees, Charles: The German Social Market Economy, Routledge.

Schmidt, Manfred G.: Political Institutions in Germany, Oxford University Press.

Programas del Partido Socialdemócrata de Alemania (Bad Godesberg, 1959) – documento primario clave.

Watson, Geoffrey: estudios sobre fundaciones políticas alemanas en la Guerra Fría.

FES (Friedrich-Ebert-Stiftung): informes históricos institucionales sobre cooperación internacional.

Kopstein, Jeffrey: trabajos sobre democratización en Europa del Sur.

Powell, Charles T.: España en democracia, Alianza Editorial.

Preston, Paul: El triunfo de la democracia en España, Debate.

Tusell, Javier: La transición española, Taurus.

Soto Carmona, Álvaro: Transición y democracia en España, Alianza.

Gillespie, Richard: The Spanish Socialist Party, Oxford University Press.

Actas del XXV Congreso del Partido Socialista Obrero Español (Toulouse, 1972).

Memorias de Willy Brandt (relación SPD–Europa del Sur).

Entrevistas de Mijaíl Gorbachov (Memoirs, 1996).

Archivos del Congreso de los Diputados (transición y legalización de partidos).

Documentación diplomática del Departamento de Estado de los Estados Unidos (España transición, desclasificados).

Andrew, Christopher: The Mitrokhin Archive, Penguin.

Fursenko, Aleksandr & Naftali, Timothy: One Hell of a Gamble (CIA y URSS).

Agee, Philip: Inside the Company: CIA Diary (fuente polémica).

Grimaldos, Alfredo: La CIA en España, Debate.

Der Spiegel (1983–1985, “Flick-Affäre”).

Bundestag Untersuchungsausschussberichte sobre financiación de partidos.

Friedrich Karl Flick – investigaciones parlamentarias alemanas.

Heywood, Paul: Politics and Policy in Democratic Spain (visión más académica y escéptica).

Mitterrand, François: discursos y memorias políticas.

Kissinger, Henry: Diplomacy, Simon & Schuster.

Brzezinski, Zbigniew: The Grand Chessboard.

NED (National Endowment for Democracy): informes institucionales (1983–1989).

Felipe González: el correo del Zar (IV)

Llegamos al capítulo culminante, en el que ya adelanto que no vamos a esclarecer gran cosa, por cuanto no es posible más que especular, y po...