Llegamos al capítulo culminante, en el que ya adelanto que no vamos a esclarecer gran cosa, por cuanto no es posible más que especular, y poner cartas sobre la mesa. En esta parte, los caminos de Felipe González y la URSS -o más bien, de Gorbachov- se encuentran de forma directa. Recordando la pregunta o preguntas iniciales desde el capítulo I, ¿era cierto que como decía Fidel Castro, Felipe González tuvo algo que ver en la caída de la URSS? o ¿asesoró Felipe González a Gorbachov?, trataremos de aportar alguna pista, o dejar al menos varios puntos para la reflexión.
Los últimos años de Gorbachov y la URSS.
La mayoría de estudios y analistas coincidían y coinciden todavía a día de hoy en que la URSS no presentaba signos de que el colapso era algo inmediato o inevitable. El modelo de gestión macroeconómica presentaba serias deficiencias, pero la URSS seguía siendo una potencia mundial a tener en cuenta. Por ejemplo, en la naciente UE (entonces CEE), el presidente de la comisión europea Jacques Delors pensaba que el acercamiento a la URSS era una idea muy sugerente, y que podría conllevar una mayor independencia europea, suponiendo deshacerse de la tutela norteamericana desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo esta opción no iba a cristalizar, dando que una serie de eventos en cascada precipitarían los acontecimientos, asestando un severo golpe a la URSS de modo que, desde 1989 -año clave-, el otrora imperio soviético quedó prácticamente desarticulado en todos sus niveles.
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| Tropas soviéticas retirándose de Afganistán, a través del "Puente de la Amistad", en 1989. (Imagen: France Press). |
En febrero, las fuerzas soviéticas se retiraban de Afganistán, donde llevaban una década apoyando al régimen comunista contra las milicias islamistas apoyadas por EEUU (donde se encontraba Bin Laden). Con el ejército soviético en entredicho después de abandonar Afganistán, meses después y ya durante el verano, se sucedieron de forma simultánea protestas nacionalistas en las repúblicas bálticas, donde una parte importante de la población pedía la independencia. Desde este momento Letonia, Estonia y Lituania, empezaron a funcionar de forma independiente a la URSS de facto, y no volverían a su órbita, siendo rápidamente acogidas en la comunidad internacional. Aunque hubo una intentona por parte de un sector no secesionista en Letonia para evitar la escisión -no toda la población apoyaba irse del control de la URSS- sin el apoyo firme y decidido de Moscú el movimiento terminó fracasando rápidamente.
Aunque a día de hoy puedan verse como algo sencillo aquellos levantamientos, producidos en un momento en que la URSS no iba a moverse para evitar que sus territorios vieran brotar rebeliones populares, la realidad era más bien otra. Meses antes, en abril de ese 1989 habían estallado en Georgia protestas a favor de la secesión, pero en ese caso fueron brutalmente disueltas por las fuerzas soviéticas, con el resultado de 20 muertos.
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| Restos del levantamiento en Tblisi, Georgia, 1989. (Imagen: France Press). |
A su vez, en Polonia se celebraban elecciones, que concluían derribando al partido comunista del poder -elecciones que Gorbachov pensaba autorizar en la URSS-. En noviembre, caía el muro de Berlín. Y por último -pero no menos importante- se celebraba "la cumbre de Malta" entre EEUU y la URSS, que ponía oficialmente fin a la Guerra Fría, y en la que Bush se comprometía a apoyar a la Perestroika de Gorbachov.
En medio del frenesí que estaba convulsionando la URSS, Felipe González advertía a Bush de que "para proteger a Gorbachov, era necesario mantener la política de bloques". No parecía ningún secreto que a los líderes occidentales, les interesaba tanto Gorbachov, como sus políticas. También hay que hacer un ejercicio de contextualización en aquel año, y el hecho de que se produjera una relajación en las tensiones de la Guerra Fría no parecía suponer nada más que buenas noticias, por lo que, el mero hecho de que como tal el riesgo de un conflicto nuclear -nada raro en las mentes de la época- disminuyera, era algo muy bueno. Pero eso obviando que el resultado final fue la desaparición de la URSS y su alejamiento de Europa.
Con esta sucesión de eventos, el bloque comunista estaba herido de muerte. Para algunos como el dictador comunista de Rumania Ceaucescu y su mujer, esto sería algo más que una metáfora. Resumidamente, 1989 terminaría para la URSS con las repúblicas bálticas fuera de control, Polonia abandonando el comunismo, y con Rumania en rebelión y regada de sangre. Desde 1989 la URSS no era mas que un castillo de naipes, al que una leve brisa le había dado el primer empujón para caer. Al año siguiente, 1990, las dos Alemanias se fusionaban en una sola, desapareciendo la RDA, principal satélite de la URSS en Europa. Pero lo más llamativo y menos comentado fue la declaración de soberanía de Rusia. Es decir, la propia Rusia, el estado soviético más poderoso, se declaraba independiente, con su propio presidente -Boris Yeltsin- y sus intenciones de implantar una democracia constitucional. El caos, dentro del caos. Con ello, la URSS no era ya prácticamente nada más que papel mojado.
Gorbachov en Madrid.
En octubre de 1990, se producía un hecho histórico que dejaba constancia de un "tejado a dos aguas" en la política internacional. Era la primera vez que un gobernante soviético llegaba en visita oficial a España, representando a una URSS crepuscular, y lo hacía llegando al Madrid de una nueva España que había superado totalmente el franquismo, y estaba plenamente integrada en la esfera occidental. En su conversación con González, Gorbachov admite que la URSS está pasando por sus días más tensos, dando a entender en lenguaje diplomático que el todavía secretario general del PCUS busca ayuda y apoyo internacional.
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| Gorbachov con su esposa Raisa, visitando el Congreso de los Diputados. (Imagen: Congreso de los Diputados). |
El papel internacional de González quedó reforzado, y Gorbachov se iba de Madrid con un crédito de unos 1.500 millones de dólares de la época comprometido para la compra de bienes y servicios. El hecho de que países occidentales financiaran a la URSS, era un mensaje de que los soviéticos no eran considerados un enemigo, ni quizá una potencia relevante.
Este crédito no fue completamente efectivo por la caída de la URSS en 1991, aunque fue heredado después por la Federación Rusa.
El fin.
En julio de 1991 Felipe González llegaba a Moscú. Sería la última vez que se bajaría del avión en el aeropuerto internacional de Sheremétievo pisando la URSS. En aquella reunión, González se convertiría en uno de los líderes del mundo con relaciones más firmes con Moscú. De hecho aquella reunión serviría como marco para la firma del tratado de Amistad y Cooperación entre España y la URSS. Las buenas palabras y el entendimiento entre ambos líderes fueron la constante, y las felicitaciones de González a Gorbachov por sus gestiones -que más allá de estar resultando claramente beneficiosas para la URSS, mostraban indicios de estar acelerando su descomposición-. Para aquel momento, estaba fraguándose un golpe contra Gorbachov, que tardaría menos de un mes en estallar.
Meses antes, en marzo de 1991, se había celebrado un referéndum en la URSS, donde se preguntaba a los ciudadanos soviéticos en varios formatos, dependiendo de la zona y no sin cierta confusión muy ambigua en la consulta -como veremos- si consideraban necesario preservar la unión, como "una federación renovada". El referéndum tuvo una amplia participación, de alrededor del 80% y la opción vencedora fue la del SI por un 71% de los votos. Incluso en Ucrania, la opción ganadora fue el si por un 70%. Sin embargo, la pregunta ocultaba una cierta confusión -malintencionada o no- que proporcionaría opciones para los planes reales de Gorbachov. La intención de Gorbachov era, no la de preservar la URSS, si no la de crear un nuevo ente más descentralizado y de cariz distinto, suponiendo por ello la desaparición de la URSS y el fin del sistema centralizado comunista.
Diversas personalidades soviéticas tuvieron conocimiento de esto y empezaron a ver que las reformas de Gorbachov habían llegado demasiado lejos, y que el plan de crear una unión nueva era totalmente inaceptable. Pero para entonces el apoyo de la esfera con el que contaban Gorbachov y los suyos -de momento entre ellos todavía estaba Yeltsin- , ya era tan importante que los propios servicios de inteligencia norteamericanos suministraban apoyo a los reformistas.
En agosto de 1991, Gorbachov se encontraba de vacaciones en su dacha de Foros, en la península de Crimea. Los conspiradores -miembros del politburó y la KGB- habían tenido acceso en Moscú al nuevo tratado de la unión, que iba a firmarse aquel mismo mes, y vieron con estupefacción que de hecho, significaba el acta de defunción de la URSS. Así pues, los golpistas formaron un "comité estatal para el estado de emergencia", y después viajaron a a Crimea para presentar a Gorbachov un ultimátum que frenase todo aquello, declarando el estado de emergencia o que dimitiera. Gorbachov no colaboró. El presidente soviético, que estaba bajo claro secuestro, no firmó ninguna de las demandas de los golpistas.
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| Boris Yeltsin se dirige a la gente concentrada en la Casa Blanca sobre un tanque, en agosto de 1991. Véase el detalle de la bandera rusa. (Imagen: AP). |
El golpe fue bastante torpe y tímido en lo que fue su ejecución -y preparación-. En Moscú varias unidades blindadas salieron a las calles, llegando a disparar contra la "Casa Blanca" (el equivalente en España al congreso de los diputados), pero sin mayor repercusión. EEUU monitorizaba con todo detalle las evoluciones, ya que podía desencriptar todas las comunicaciones militares soviéticas. A Yeltsin, presidente de Rusia y que se había erigido en principal figura en contra de los golpistas, le ofrecieron refugiarse en la embajada de EEUU en Moscú. Sin embargo, la tibieza del golpe dio sus contra-frutos y las unidades que debían haber controlado Moscú se terminaron poniendo del lado de Yeltsin o deponiendo su actitud. Poco después Gorbachov fue liberado por los acólitos de Yeltsin, y con ello cualquier rastro de la intentona quedó pulverizada, dejando por el camino 3 muertos en Moscú, y 3 participantes en la conjura que oficialmente se quitaron la vida.
La mayoría de los políticos occidentales mostraron de inmediato su apoyo a Gorbachov, que una vez terminado el golpe, dimitió como secretario general del PCUS, aunque siguió como presidente de la URSS. A finales de año, los presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, firmaron el tratado de Belavezha, poniendo en la práctica el punto y final a la existencia de la URSS, dando lugar a toda una panoplia de nuevos estados independientes y a unas instituciones conjuntas simbólicas (la CEI, Comunidad de Estados Independientes). Gorbachov dimitió el 25 de diciembre de 1991, entregando el poder a Yeltsin, y la nueva Federación Rusa fue reconocida como heredera de la URSS en la esfera internacional, sin objeción alguna.
Interrogantes finales.
Así pues, me aventuraré a dar alguna respuesta a la pregunta inicial que ha dado origen a este larguísimo artículo en 4 partes: ¿colaboró Felipe González en la caída de la URSS como decía Fidel Castro?
A la vista de todo el desarrollo histórico, pero sin pruebas materiales que confirmen que, como decía Fidel Castro, Felipe González fue "asesor" de Gorbachov, si que es cierto que el mandatario soviético sentía una gran simpatía por González, al parecer, la más grande por otro político extranjero de los muchos que conoció en su trayectoria. De esta forma, parece claro que González si que tuvo su cierta parcela de influencia en los años finales de existencia de la URSS.
Por otro lado, tras revisar la historia de Felipe González, podemos también situarle en la esfera de las operaciones anticomunistas de EEUU en Europa. Como figura de los engranajes para frenar al comunismo, primero en España y luego en el mundo, es bastante creíble barajar la hipótesis de que González colaboró en este preciso objetivo de Washington, ya sea de forma consciente o inconsciente, con buena intención o de forma aséptica, al menos con su frecuente correspondencia con Gorbachov, quien parece que buscaba algún tipo de apoyo moral o práctico en figuras políticas occidentales.
Ambos personajes, González y Gorbachov, coincidieron en ser políticos que tomaron medidas contraproducentes para sus respectivos países. Con González se inició la desindustrialización española, amén de medidas ultraliberales diversas, de igual modo que Gorbachov, comenzó a desmantelar y liberalizar el sistema soviético, actuaciones que posteriormente Yeltsin se encargó de acelerar, dando lugar a una década de los 1990 nefasta en Rusia.
Gorbachov falleció el 20 de agosto de 2022, en Moscú, siendo convencidamente socialdemócrata y políticamente olvidado. Felipe González le recordó como una personalidad extraordinaria, y le calificó como amigo íntimo.
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| La bandera soviética, siendo arriada del Kremlin tras la dimisión de Gorbachov en diciembre de 1991. (Imagen. ABC news). |
Bibliografía





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